Hace unos días hice un viaje de último minuto a Arequipa, ciudad que, hasta ese momento aún no conocia. Una amiga mia y de mi familia por más de 20 años (de hecho, nuestras familias se conocían de muchos años atrás) contraía matrimonio religioso y yo tenia que estar presente, ya que ni mis padres ni hermanos podian asistir por diversos motivos.

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El matrimonio se celebraba el dia viernes 28 de setiembre, de modo que, unos amigos y yo salimos del Cusco el jueves a las 8 y media de la noche. Aunque no hubieron desperfectos en el bus (por lo general es algo que suele ocurrir), arribamos al terminal de Arequipa una hora y media tarde, luego de un viaje muy pesado. Sin embargo, la molestia y el cansancio se nos quitó del rostro a todos ni bien vimos a la futura esposa, sentada esperándonos en el terminal, preocupada por nosotros y muy nerviosa por su boda al mismo tiempo. Los abrazos no se hicieron esperar, luego los saludos y las bromas. Parecía que, despues de tanto tiempo, las cosas eran como antes. Nos veiamos con ella luego de 4 años, el tiempo que dejó nuestro Cusco para venir a radicar a Arequipa.
Ni bien llegamos tuvimos que buscar alojamiento para los siguientes 2 dias, ya que la mayoria de nosotros debiamos retornar al Cusco el lunes muy temprano. Inicialmente pensábamos alojarnos en la casa de los padres de la novia pero, de un momento a otro, llegaron invitados inesperados a los que tuvieron que alojar así que no nos quedó otra opción más que buscar alojamiento. Eso hicimos, y encontramos un hotel no muy caro cerca de la casa de mi amiga, con las suficientes comodidades como para pasar un fin de semana tranquilo. Luego de instalarnos fuimos invitados a la casa de la futura esposa para tomar el desayuno. Estuvimos conversando con sus padres por un buen rato, mientras alrededor de la sala ella corría de un lado para otro, muy nerviosa, preocupada hasta por el más mínimo detalle para la ceremonia. Era su noche y quería que todo salga perfecto.
Haciendo un paréntesis a lo agitado del dia, les diré que me agradó Arequipa. Tiene un clima excelente, una temperatura que permite a uno andar ligero por las calles, acompañado de una refrescante gaseosa o un buen helado. Mi amiga vivía en el barrio llamado Vallecito, una zona con jardines y avenidas muy amplias, ubicada no muy lejos del centro de la ciudad.
Por la tarde mis amigos y yo estábamos caminando por la gran mayoria de los centros comerciales arequipeños en busca de, entre otras cosas, el regalo para los novios. Visitamos varios de ellos y al fin, luego de 3 horas de camino, logramos comprar todo lo que necesitabamos, incluyendo el regalo. De vuelta al hotel no teníamos más que media hora para alistarnos, alistar a nuestros sobrinos e ir a la Iglesia de Yanahuara, que era donde se celebraría la ceremonia religiosa. ¿Olvidé mencionar que fuimos con niños? Pues así fue. Una de mis amigas tiene dos preciosidades - la parejita -, la nena de 4 y el varoncito de 3 años. Ella estaba muy ansiosa por ir y, al igual que yo, por conocer Arequipa; asi que todos mis amigos y yo nos pusimos de acuerdo para ayudarla en lo que se pueda con los niños, mientras ella se relajaba un poco y dejaba de lado por unos días la estresante tarea de ser madre. Y mi enamorada llevó a su sobrina; la nena estaba muy emocionada con el matrimonio, además que nos fue de bastante ayuda a la hora de cuidar a nuestros otros sobrinos.

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Llegamos a la iglesia de Yanahuara a las 6:40 y la ceremonia ya había comenzado; por suerte no nos perdimos de mucho. Nos sentamos delante, junto a los familiares de la novia para no perdernos ningún detalle de la ceremonia. Todos nosotros nos emocionamos mucho con lo emotivo de la boda. La novia estaba preciosa y ya no se le notaba nerviosa, se le veía muy contenta y segura de sí misma. Finalizada la ceremonia en la Iglesia de Yanahuara, nos dirigimos al centro de convenciones "Stella D Nataly" (Calle Garaycochea 121, Umacollo), el lugar elegido por la pareja para la recepción. El lugar era muy elegante, tenia su propia orquesta de música bailable, de jazz, su propia cantante, además de una amplia playa de estacionamiento y una pista de baile impresionante. La ceremonia duró hasta más de las 4 de la mañana, la pobre pareja tuvo que estar junto a todos sus invitados celebrando durante toda la noche. Luego de una noche muy divertida llegamos al hotel casi a las 5 de la mañana, muy cansados pero felices por la gran noche que pasamos.
El sábado despertamos con mucha hambre y nos fuimos a tomar desayuno al mercado central. A decir verdad, ya no podia llamársele desayuno por que era casi medio dia cuando nos levantamos. Al llegar al mercado nos decidimos por almorzar, de manera que así tendríamos toda la tarde libre para poder pasear por la ciudad. Luego del almuerzo nos pusimos a conversar para ver que podríamos hacer por la tarde; algunos querían volver a Saga, otros deseábamos visitar el convento de Santa Catalina, asi que no nos quedó otra más que separarnos. Estábamos por despedirnos cuando nos llamó la hermana de la novia para invitarnos a una cena que ofrecerían los padres del esposo; era algo que no esperábamos pero no teníamos otra opción más que asistir a dicha cena. Al igual que el día anterior, tuvimos que ir de compras... otra vez .
La cena estuvo muy amena y deliciosa. Fué en un restaurante muy elegante de la ciudad blanca, el Sol de Mayo. Este restaurante se encuentra en Calle Jerusalen 207 en Yanahuara. Hubieron palabras muy emotivas para la pareja de recién casados por parte de los familiares y amigos de ambos; y mientras más vino tomaban, las palabras se hacían más cariñosas y venían cargadas de más sentimiento. La cena terminó formalmente a las 10 de la noche, pero como era sábado, cada quien fue a celebrarla a su manera, y nosotros no podíamos ser la excepción. Volvimos al hotel a cambiarnos de ropa (habiamos andado demasiado elegantes esos dias) para luego ir a disfrutar de las noches arequipeñas. Nuestra primera parada fue la plaza de armas, dimos un par de vueltas para luego irnos a Siwara (Santa Catalina 210) una excelente discoteca ubicada en el centro, entre Santa Catalina y San Francisco. Ahí estuvimos un par de horas y luego nos fuimos a "La Dolores", la avenida más animada y bohemia de la ciudad blanca. La dolores es una avenida interminable llena de discotecas, bares, cafés, restaurantes, etc. donde todo el tiempo -especialmente por las noches - hay grupos de jóvenes entrando y saliendo de las discotecas. Entramos a una de ellas, ¿K-juma? (no recuerdo muy bién como se llama) y bailamos hasta muy tarde.

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Otra mañana perdida el domingo. Llegamos al hotel casi a las 4 de la mañana muy cansados y tan solo con ganas de dormir. Eso hicimos, y creo demasiado, ya que casi al medio día nos hizo despertar el administrador del hotel para preguntarnos si deseábamos alojarnos un dia más. Como nuestro bus salía a las 8 y media de la noche le dijimos que era todo, así que alistamos nuestras cosas y dejamos el hotel rumbo al terminal. Ya habíamos comprado los pasajes el mismo dia que llegamos, asi que solo teniamos que dejar todo nuestro equipaje en el almacén de la empresa que nos traeria de vuelta y así poder disfrutar más tranquilos nuestra última tarde en Arequipa.
A pesar del cansancio, esa tarde nos divertimos como nunca. En vista de que nos habían comentado bastante de ese sitio durante los dos días, decidimos hacer caso a los consejos e ir al parque "Selva Alegre". Este es un parque muy pintoresco, un espacio abierto muy bonito, con una laguna artificial y botes de todo tamaño para "surcar" sus aguas. Tiene un pequeño zoológico y muchas atracciones más destinadas para grandes y no tan grandes. En este parque pasamos toda la tarde entre remos, arboles, fotos y muchas risas. Salimos del parque a las 7 y media rumbo al terminal, para acomodar a los niños y a nuestro equipaje para poder viajar sin contratiempos.
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Ese fue, pues, mi viaje a Arequipa. En el bus, ya de vuelta al Cusco, conversabamos con mis amigos y todos coincidimos en que el fín de semana había pasado demasiado rápido. Uno de ellos comenta: "Si durante estos dos días hubiera conseguido trabajo aca en Arequipa, les juro que ya no volvía". Entre risas todos asentimos... aunque... pensándolo bien, no cambiariamos nuestro Cusco por nada de este mundo!
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