Me llamo Miguel, tengo 46 años y una discapacidad física del 70%, lo que me obliga a usar muletas para desplazamientos cortos y silla de ruedas para moverme habitualmente y para viajar.
El pasado 6 de Noviembre, Eva y yo nos dispusimos a realizar uno de nuestros sueños: VIAJAR A ARGENTINA y conocer Ushuaia, La Patagonia, Iguazú y Buenos Aires.
Viajamos en Clase Cóndor ya que los asientos se pueden tumbar casi totalmente y con casi 13 horas de vuelo era la única manera que tenía para evitar dolores insoportables en mis piernas por falta de circulación sanguínea. Como todos imaginaréis eso nos supuso un gran desembolso económico pero tras años de ahorro lo pudimos realizar.
Mi silla de ruedas viajó en la bodega del 747, con el resto de los equipajes.
Cuando llegamos a Buenos Aires nos dijeron que mi silla aparecería por la cinta del equipaje, nos pareció una atrocidad y pedimos que no lo hicieran así por el grave riesgo de dañarla.
Aerolíneas Argentinas, haciendo caso omiso a nuestra petición, metió la silla en la cinta transportadora. Cuando fuí a sentarme en ella, descubrí que los reposapìés que son fundamentales en la silla de ruedas, estaban partidos, el freno izquierdo dañado y los agarres traseros para empujar la silla doblados, también afectó el daño a la calibración general de la silla, no se desplaza bien, no se puede doblar del todo...
Se nos vino el mundo encima, ¡nuestro sueño!, ¡nuestra ilusión!, todo, todo se venía abajo. ¿qué podíamos hacer?, con sangre fría recorde que había que reclamar antes de abandonar el aeropuerto. Así lo hice, realice la reclamación, me dijeron que ellos no podían reponerme otra silla de ruedas, así que yo solo, por que Eva se había ido al exterior para que no nos dejarán alli, autoempujé la silla como pude ya que ningún operario, NADIE, se dignó a ayudarme a salir.
Ya en el Hotel de Buenos Aires, con ayuda de un pegamento de impacto y cinta aislante, logramos sujetar un poco uno de los reposapiés ya que si no conseguíamos reparar la silla de ruedas el viaje empezaba y terminaba ese día.
Con una pierna sobre otra y ambas en el único reposapíes existente, pudimos usar la silla de ruedas aunque cada dos por tres, debido a la vibración se soltaba el reposapiés y continuamente, durante los quince días que duró el viaje tuvimos que estar reparándola tres y hasta cuatro veces al día.
Nuestras desgracias por la negligencia de Aerolíneas Argentinas acababa de comenzar. En el vuelo de Ushuaia a El Calafate, dejaron lo que quedaba de mi silla abandonada en Ushuaia, por lo que cuando aterricé en El Calafate me encontré con que mi silla no estaba. Fuimos a hacer la reclamación a Aerolíneas Argentinas, nos dijeron que al día siguiente en uno de los vuelos me traerían la silla, les pedimos que haste entonces nos prestasen una y se negaron aduciendo que las sillas pertenecían al Aeropuerto y no a Aerolíneas Argentinas.
Cómo fué poco todo esto, llegamos al Hotel de El Calafate sin mi silla, tuvieron que llevarme entre varias personas desde el Autobús hasta el Hotel, nos encontramos con que para llegar a la habitación tenemos que subir y bajar varios tramos de escalera.
Cuando volábamos para España también en Clase Cóndor, pensábamos que ya era difícil que nos ocurriera nada más por que en España está más cuidado todo esto de adaptaciones, etc ,etc.
Craso error. En vuelo, solicitamos a la tripulación que avisaran en Barajas para que vinieran las asistencias del Aeropuerto. Aterrizamos, diluviaba aquel 20 de noviembre de 2008.
Cual es nuestra sorpresa cuando nos dicen que las asistencias no vienen por que están muy ocupadas y me hacen bajar con las muletas las escaleras del 747, que solo verlas dan vértigo.
Ante esta situación voy bajando resbalándome y veo que lejos de hacer esperar al pasaje, lo sueltan, imaginad como baja todo el mundo para no mojarse hasta los autobuses que esperaban. Un señor paso por al lado mío rodando porque se resbaló.
Me negué a seguir bajando las escaleras, y exigí que me ayudaran, me agarré a sus hombros pero al bajar no me levantaron lo suficiente y mis piernas, que no obedecen órdenes, rebotaban cada peldaño que me bajaban.
ya en el suelo y calándonos Eva, mi silla y yo, exigimos una solución, como no la daban, le dije a Eva que se metiera al autobús de la tripulación con la silla y yo que no podía subir, me metí en el primer coche que encontré y que era de mantenimiento. Así llegamos al edificio de equipajes.
Realizamos la pertinente reclamación antes de salir.
Pues bien, Aerolíneas con respecto a la rotura de la silla de ruedas, ha contestado que si certifico que es irreparable, que lo es, me indemnizarán con un máximo de 150 euros. La silla nueva como la mía cuesta 1.200 euros, en lo referente al extravío de la silla y a la reclamación por daños en Barajas, ni han contestado.
En estos momento me encuentro intentando que los medios de comunicación se hagan eco a ver si con la presión multimedia consigo, restituir mi daño moral , e intentar que casos como este no se repitan.
Si tengo que ir a una demanda civil, me temo que económicamente no la voy a poder soportar por lo que se alargue en el tiempo y por que soy de Zaragoza y el caso habría que llevarlo a Madrid.
Tengo claro que algo hay que hacer, y que AL ROMPER MI SILLA, ROMPIERON MIS PIERNAS, que hubo negligencia y discriminación por mi discapacidad por parte de AEROLINEAS ARGENTINAS.
Si algún abogado lee este blog, y tiene alguna idea, y se atreve a llevar el caso que se ponga en contaco conmigo. mi e mail es miguelnonay@gremirapid.org.
así mismo, por si alguien quiere hacer algo, dejo los e mail de AEROLINEAS ARGENTINAS: reclamaciones@aerolineasargentinas.es
Estamos enviando mensajes que dicen:
LA SILLA DE RUEDAS SON LAS PIERNAS DE UNA PERSONA CON DISCAPACIDAD, SI ROMPEIS LA SILLA, ROMPEIS SUS PIERNAS
SOLIDARIDAD CON MIGUEL NONAY
en fin, gracias por leer este blog
un saludo a tod@s